Poco me duran a mi las rutinas. Sigo acudiendo regularmente al gimnasio, pero he dejado el método del ajedrez en la elíptica para regresar a la natación. Debo contarles cual es mi nueva rutina antes de entrar en el asunto de la sauna.
Antes me costaba mucho nadar. Era por que me obsesionaba en contar las piscinas. Eso suponía una enorme dificultad para mi. A la que empiezo a nadar, y mientras veo pasar hacia atrás a los azulejos, felices en el fondo de la piscina, mi mente empieza a recorrer mundos lejanos. A veces son mundos hermosos, a veces son tristes... pero entre tanto, no puedo recordar algo tan banal como el número de piscinas recorridas. Imposible saber si eran 8, 14, 22 o las 40 que me exigía para llegar a los 1000 metros. Después, un mal día observé que en recorrer una piscina de ida y vuelta, nadando crol, tardaba un poco más de un minuto. Esa fue una mala temporada: me obsesioné en mantener ese ritmo. Ponía en marcha el cronómetro y me mortificaba enormemente cada segundo perdido.
Después de haber aprendido la lección del muffin, vi la luz y dejé de contar tiempos y distancias. Nado lo que me pide el cuerpo, a la velocidad que me da la gana, sin más. Después, salgo de la piscina y me meto en la sauna. Al principio me molestaba si había más gente, pero ahora me he dado cuenta de que la sauna es un microcosmos apasionante. Lo bueno de mi gimnasio es que hay gente de todas clases, y uno siempre puede aprender de todos.
En bañador todos somos casi iguales, hasta que empezamos a hablar. El otro día por ejemplo había una pareja de señores que debían de ser muy importantes. Empezaron a proponer una serie de soluciones para la crisis que hace unos meses hubieran parecido delirios de extrema derecha pero que ya empiezan a perfilarse como probables. El termómetro marcaba ese día 95 grados y 40% de humedad. Yo aguantaba estoicamente todos los comentarios, hasta que dijeron que un señor que a veces sale por la tele es “gordo y sucio”. No es que yo le tenga especial simpatía pero todo tiene un límite y me vi obligado a contraatacar diciendo que la persona que (según yo supuse) ellos votan ha hecho cosas muy feas, sean o no ilegales. Tocado. Acerté el disparo! La discusión se acaloró un poco y al final me marché.
La gracia de la sauna no es la sauna en si, si no la salida. Tomo aire y me tiro a la piscina otra vez, de cabeza (cosa que no está permitida pero he llegado a un acuerdo con el socorrista). Para ahorrar oxígeno es importante dejar la mente en blanco. Miro al infinito y los azulejos pasan de nuevo por delante de mis ojos hacia atrás, ahora desenfocados mientras yo braceo. Oigo los crujidos de mis músclos y el latido de mi corazón. Paladeo cada movimiento hasta llegar al otro lado. Salgo. Respiro un par de veces y regreso nadando crol. Es entonces cuando noto una sensación de relajación brutal, como si me hubiera pasado una apisonadora por encima. Los cambios de temperatura son el secreto de los balnearios, según me dijo un entendido. Nado un rato más y regreso a la sauna. Repito este ciclo dos o tres veces.
A cada paso por la sauna han cambiado por completo los personajes. Un día vi nadando a un chico negro, joven, y me puse en otro carril, con una señora mayor, pensando que joven iría muy rápido y yo le molestaría. Grave error: la señora nadaba de espalda y me dio un manotazo en la cara. Peor todavía: se indignó por haber golpeado su mano con mi cara y estuvo como 15 minutos regañándome. En la sauna, a la siguiente pasada, me encontré al joven y se lo conté. Resulta que el joven escultural que yo imaginaba fuerte y saludable tiene una hernia discal, ha tenido que dejar de correr y jugar al fútbol y cambiar completamente su vida… Después entró un señor que se dedica a la venta ambulante en el mercadillo, y llorando me contó que se le había estropeado la furgoneta y que no sabía como salir adelante.
Pero el más interesante de todos es un hombre que hizo un brillante análisis de la situación política y económica. Le dije que si se presentaba a alcalde, yo le votaría. Y aquí viene lo sorprendente: ¡me dijo que ya se había presentado a las elecciones!
-Y ¿con quien te has presentado?
-Con los malos. ¡Pero eso no te lo quiero decir!
El tipo se molestó con mi pregunta, pero si alguien explica voluntariamente que se ha presentado a las elecciones tampoco debería ser tan raro que le pregunten con que partido… Es hábil hablando y está acostumbrado a llevar el peso de las conversaciones. Pero al día siguiente yo le hice dos o tres comentarios al estilo de los koan-zen … para tratar de llevarle al otro lado del cristal. Desde entonces me huye, pero creo que es un personaje interesante, merece la pena seguirle. Incluso le he aguantado, pacientemente, hablar de fútbol. Les iré informando.
También tengo que contarles la estrategia de la tortuga herida y mil cosas más, pero el tiempo es el que es. Lean esta entrada de Joselu, es muy buena.
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