Los que hayan comprado o vendido un piso conocerán bien el teatrillo inmobiliario y sus personajes: el Vendedor engominado, el Notario lustroso y sus Oficiales, el empleado de Banca que realizaba la Hipoteca, etc. Uno de ellos era el Tasador. Era un personaje tristón, asimilable a un empleado de funeraria por su presencia, pero que no obstante era una pieza clave en todo el mecanismo. Acudía al piso por encargo del Banco y se paseaba brevemente por las habitaciones, tomaba varias fotos y se marchaba, sin que hubiera forma alguna de sonsacarle que le parecía el piso (y por cierto, estos 10 minutos de Tasador costaban si mal no recuerdo más que una semana de mi sueldo).
Los neuróticos temían que el Tasador otorgara un valor bajo al piso, por debajo del precio de venta (que en realidad todo el mundo en el fondo sabía que era disparatado). Este valor de tasación era muy importante puesto que condicionaba la cantidad del préstamo que el Banco podía conceder. Si por alguna razón el Tasador hubiera estimado un valor bajo, todo se hubiera parado.
Pero no. Para sorpresa de todos, el Tasador gris decía que el valor del piso era de (digamos) 110 cuando el precio de venta del piso era, negro sobre blanco, de 100. ¡Milagro! ¿La prudente banca había sugerido los servicios de un Tasador alegre? Si por alguna razón había que acudir a otro Banco, los empleados exigían una nueva Tasación, que costaba otro dineral. ¿No se podía reutilizar la tasación anterior? No. Cada Banco confiaba en unos determinados Tasadores, cuya relación con el Banco era más que evidente. Los malpensados suponían que esta exigencia se debía al interés por cobrar el dinero de la Tasación, y en parte debía ser así, pero en realidad había algo mucho más siniestro. El nuevo Tasador calculaba un precio todavía superior, 120 por ejemplo. Estos 10 de diferencia correspondían a las dos o tres semanas que mediaban entre tasaciones, y este sorprendente fenómeno explica el aumento del PIB España a ritmos estratosféricos durante los pasados años.
No me alargaré. El Banco, además de la Hipoteca, exigía al comprador un Aval. Cosa que suponía una humillación, pero es que además no era nada fácil de obtener puesto que quien más quien menos teme firmar avales.
-Pero ¿no es el piso la garantía del crédito? ¿a qué tanta insistencia en el aval? Si no pagamos, os lo quedáis y ya está, ¿para qué el puñetero aval? ¿no representa que su valor es de 120 y yo os estoy pidiendo 80?
Esto fue lo que les dije (seguramente gritando) a los señores de la Banca. Su respuesta fue un silencio incómodo y, como tantos otros, tuvimos que pasar por el aro.
No me extenderé. Ahora se ha visto que en realidad la Tasación era una filfa. Pisos que se habían Tasado en 120 se están vendiendo por 60. De modo que incluso si el Banco se queda con el piso, y deja a sus compradores en la calle, estos
y sus avaladores siguen debiendo una cantidad ENORME de dinero, en algunos casos superior a lo que van a ganar en toda su vida. Lo que en la práctica debe ser algo así como condenarles a la esclavitud. Yo, a pesar de estar bastante puesto en asuntos complicados como son la cibernética y la teología, no era consciente de esto. Yo pensaba que, como en las películas americanas, bastaba con devolver la llave, irse a vivir debajo de un puente, y asunto terminado. Es posible que sea un ingenuo, ya lo admito.
Ahora me pregunto como es posible que el Tasador gris y -obviamente- sus superiores no tengan ninguna responsabilidad en el asunto. El interés por controlar las tasaciones no era solamente por poder lucrarse con ellas, si no principalmente para poder inflar su precio, concediendo todos los créditos, algunos en condiciones surreales. Eso si, exigiendo avales, puesto que en el fondo ellos sabían que algún día el ladrillo pasaría a ser papel mojado. ¿No sería interesante que alguien investigara todo esto por si hubiera habido maquinación para alterar el precio de las cosas?
Alguien pidió en el Parlamento que bastara con devolver las llaves y asunto concluido, como en América. Pero esto por desgracia no es posible. Aunque el Banco sepa que jamás va a cobrar los 120, aunque los compradores vivieran 1000 años, en algún lugar de sus balances figura ese 120, que es la base de una pirámide invertida sobre la que descansa todo lo demás. Si se pusiera 40, que ese debe ser el valor real del piso, entonces una enorme cantidad de dinero debería pasar de "activos" a "pérdidas" y se jodería absolutamente todo, el país entero se desplomaría por el precipicio, arrastrado por la Banca y por el resto de personajes del teatrillo inmobiliario.