1-La pupila vertical y la mirada perdida.
2-El lomo de dinosaurio, mortificado por un ácaro rojo
Sigo de viaje, discuplad mi poca actividad.
¿Donde estoy? (pinchad para ampliarlas)
El lagarto en si.
La cabeza de tortuga-gato del lagarto, y los ocelos azules. Una señora al ver esta foto me dijo "que precioso bolso", no se lo tuve en cuenta.
Aquí vive el lagarto.
Recien llegado de las mini-vacaciones de Semana Santa, mañana mismo me tengo que volver a a marchar, esta vez por motivos de trabajo. Así estoy, atareadísimo ahogándome en este vaso de agua de preparar las cosas y meterlas en la maleta. Siento mucho no poder contestar -por el momento- los comentarios, pero antes de marcharme quería subir este escarabajo que he fotografiado esta mañana.
Con la duda de si con las prisas habré procesado bien la foto, me voy pitando a ver si puedo cerrar la maleta. Espero poder seguir subiendo algunas cosillas que ya tengo precocinadas. Por lo que me han dicho, las noches son aburridas, de modo que si el hotel tiene red lo más probable es que me quede atendiendo el cuadernillo. Hasta pronto.
Por aquí aún son frías las noches y si tuvieramos que dormir al raso y sin ropa, lo pasaríamos muy mal. Mucho peor sería si además el campo estuviera plagado de animales enormes que quisieran comernos.
Algún día, asqueado de tanta ciudad, tanto desarrollismo barato de parque temático, campo de golf y prostíbulo, he llegado a pensar que no hay ningún edificio que me guste más que el espacio vacío que ocupaba.
La correa de mi D200, algo descolorida por el uso, junto a la de una D300 nueva.
El dragonet parecía muy confiado, tal vez incluso demasiado. Había algo raro en su comportamiento, no se escondía y siempre se giraba para dejarme a su izquierda. Fijándome bien pude ver un pequeño ácaro rojo (se intuye en la foto) al lado del ojo. ¿Era ese su mal?
Me encanta su pupila vertical, que aquí está reducida casi a una línea a causa del fuerte sol de la tarde.
Tenía el ojo derecho destrozado, no quedaba nada de su pupila ondulada de dragón. ¿Tal vez una paloma se lo arrancó de un picotazo? Se puede casi imaginar el sufrimiento del animal, medio ciego y con el humor vítreo desparramado. No tenía ninguna opción, un joven dragón cazador de insectos necesita los dos ojos para poder vivir.
Comentaba el otro día que la fotografía, comparada con la pintura, tiende a ser banal, por que permite obtener imágenes con relativamente poco esfuerzo. Claro está, depende de la fotografía, algunas han llevado meses o incluso años de trabajo. Yo me refiero a la posibilidad de hacer fotos apenas sin pensar.
Los niños de la ciudad, en estos tiempos que corren, además de las cosas esenciales como los videojuegos y los monstruos del pokemon, conocen los animales que se ven por la tele: tigres, leones, elefantes, todo tipo de dinosaurios, cocodrilos y demás. Se trata de seres lejanos, que viven o vivieron en lugares lejanos y tiempos remotos.
Me gustaría que pudierais ver la cara de asombro que ponen al ver los insectos tan ampliados. Me interrumpen continuamente para contarme sus anécdotas. Las orugas les recuerdan a los gusanos de seda, que por lo visto siguen siendo un pasatiempo popular. La mayoría han visto hormigas y chinches (me refiero a chinches vegetarianos, inofensivos, que mucha gente confunde con las mariquitas). Estos animales, de extraordinaria resistencia, malviven en el solar de delante del colegio, que se usa (*) como aparcamiento, entre las malas hierbas y la mierda de perro. Los saltamontes ya les resultan más raros. Es que no todos tienen la suerte de que sus papás les lleven al monte para enseñarles los animales que tienen existencia real y próxima. Creo que algunos de estos niños no han salido jamás de esta ciudad monstruosa, excepto tal vez para ir a otra o a un parque temático.
Al salir de la sesión, las profesoras, auténticas heroínas, les han hecho dibujar alguno de los bichos que han visto. Y me han regalado un libro con todos los dibujos, que guardo en un lugar especial con el resto de mis tesoros.
Este árbol ya ha salido alguna vez más en el blog, lo he fotografiado muchísimas veces de día y de noche. Es un gran roble, enorme. Es difícil dar la idea del tamaño de un árbol en una foto, sin situar una persona al lado. Este es de los más grandes que he visto en mi vida, de los que requieren de bastantes personas dándose la mano para poder rodear el tronco. Es cierto, los hay más grandes, pero son árboles monumentales que están en los parques en Europa, salen en los libros y están protegidísimos. De los que están a su aire, expuestos al gran peligro de la necedad de las personas, este es el más espectacular que yo conozco.
Aunque hoy ha refrescado mucho, todo apunta a que se está terminando el invierno. Quienes vivan en un lugar decente, alejado de las ciudades y de tantísima inmundicia, habrán podido notar (entre otros prodigios) que las parejas de milanos ya se hacen carantoñas acrobáticas, y que se puede oir a lo lejos el canto nupcial de la perdiz. También me dicen que han visto a una culebra de agua tomando el sol junto al río.
Es la tercera o cuarta vez que las veo en toda mi vida. En esta ocasión tuve suerte, por que no avanzaban si no que daban vueltas en el aire, en grupo, de forma aparentemente desordenada. Y además, estaban justo en la dirección de la carretera. De forma que me pude acercar hasta situarme casi debajo de ellas.
No me terminan de gustar estas fotos. La luz y el ángulo en el que las pude hacer no me dejan muchas más opciones que reducirlas a siluetas, el cielo plomizo casi me obliga al blanco y negro (la primera es en color, casi no se nota). Este tratamiento no es el adecuado para estos animales. Al día siguiente volví a verlas, con un cielo azul radiante, pero mucho más lejos.