martes, julio 14, 2009

Vanessa cardui

Sigo de viaje pero ahora estoy descargando las fotos que he hecho hoy (a ver como han salido) y he aprovechado para subirles una entradita, esperando que en mi ausencia no se olviden completamente de este cuadernillo.

Esta es la Vanessa cardui, mariposa nómada que nace en Africa y cruza el estrecho aprovechando un temporal que la lleve al norte. Es una criatura intrépida pero prudente, como todos los que emprenden largas travesías. Por eso cuesta fotografiarla: siempre permanece alerta y a la más mínima sospecha se aleja volando.

Este año llegaron en grandes cantidades y durante unos días incluso los prados cercanos a la ciudad-dormitorio estuvieron plagados de ellas.

La semana próxima espero poder volver a atender el blog con regularidad. Entre tanto un abrazo muy fuerte a todos ustedes.

viernes, julio 10, 2009

La libélula violeta

La libélula violeta (Trithemis annulata) tiene un color intenso, casi inverosímil, que resulta muy difícil de reproducir correctamente en una fotografía. Frecuenta pantanos y aguas estancadas de cierta extensión. Yo solamente la he visto dos veces en lo que llevo vivido.

Este macho es de las Alpujarras y habita (o habitaba hace unos días) junto a una pequeña presa que forma una profunda poza artificial. A esta poza, se entra andando por entre unos juncos que no dejan ver toda la extensión de agua. Poco a poco la profundidad va aumentando y cuando ya hay que regresar para dejar la cámara en la orilla y poder continuar nadando, entonces aparece un pequeño y maravilloso lago de color verde, con el agua limpísima. Allí, entre las algas del fondo, vi una serpiente de agua y traté (en vano) de encantarla para poder hacerle unas fotos.

Este maravilloso lugar, de no ser reciente, hubiera sido ideal para el baño secreto de las ninfas acuáticas o por lo menos de las princesas moras en tiempos de Boabdil. Pero quien sabe, al parecer mucho antes de que se construyera la presa allí ya hubo un estanque natural.

Estoy en este momento en Santiago de Chile, donde mi amigo el Dr. Jorge Garat me ha dado un recibimiento digno por lo menos de un obispo. Mañana a primera hora, si todo va bien, tomo otro avión.

miércoles, julio 08, 2009

La cópula de las lagartijas y Tiresias el adivino

Es bien sabido que los Dioses reservan un destino especial para quienes observan la ondulante cópula las serpientes: cambiar de sexo. Tal vez el caso más famoso haya sido el del joven Tiresias, quien tras presenciar el apareamiento de dos culebras de escalera, se convirtió en mujer y se hizo sacerdotisa de la diosa Hera. Años más tarde, cuando Zeus discutió con Hera acerca de quien de los dos gozaba más en el momento singular del orgasmo, ambos estuvieron de acuerdo en llamar a Tiresias para que arbitrase en la disputa con pleno conocimiento de causa.

"Si el placer del coito se dividiera en diez partes, nueve serían para la mujer", respondió Tiresias sin dudar, dando la razón a Zeus. Hera, indignada, dejó ciego a Tiresias pero Zeus le compensó dándole el don de poder ver el futuro. Después de siete años, Tiresias presenció de nuevo la cópula de dos serpientes y volvió a ser hombre, pero no recuperó jamás la vista ni perdió la clarividencia.

Yo siempre he esperado poder ver el apareamiento de dos serpientes, vívoras a poder ser, para poder gozar a continuación de las nueve partes que me son desconocidas. O desmentir al célebre Tiresias en caso contrario.

Pero por el momento yo tan solo he podido ver a estas dos amantes lagartijas, que me parecieron realmente preciosas y tan interesantes como cualquier serpiente. Al verlas se quedaron un rato inmóviles, en una posición retorcida que empezaba siendo dorsoventral pero que al llegar a la altura de las colas pasaba a ser ventral. Sentí mucho haberlas molestado, y no se si llegaron a culminar el acto antes de desaparecer rápidamente cada una por su lado. Me hubiera gustado sacar un primer plano de las manos cogidas pero no pude hacer más fotos (y esta está recortada para dejar fuera del encuadre una brizna de hierba ¿la ven?).

Siento decepcionarles pero yo aparentemente no he sufrido ninguna metamorfosis. Debe ser que solamente vale para serpientes, aunque también debo decir que el futuro siempre me ha parecido un poco negro. ¿Esto debe ser ceguera o clarividencia?

Estaré unos días agrimensurando, esta vez un poco más lejos de lo que yo suelo ir. Siento enormemente no poder participar más ni responder a todos los comentarios. Hasta dentro de unos diez días no voy a tener tiempo para nada (pero el robot ya subirá algo). Si alguien sabe la especie de las lagartijas se lo agradeceré enormemente. Sean ustedes felices y no se crean la propaganda de los pro-nucleares.

lunes, julio 06, 2009

Al sur de Granada

La semana pasada estuvimos de vacaciones en una casita alquilada al sur de Granada, en las Alpujarras. En algunas zonas de las Alpujarras hay una actividad humana considerable, como es lógico al ser un valle extraordinariamente fértil y además con mucho turismo. Pero una amiga (y lectora ocasional de este blog) nos recomendó este durandiano lugar, absolutamente apartado, desde el que no se puede ver ninguna otra construcción.

En este rincón hemos pasado una semana balsámica que incluso me ha permitido recuperarme un poco de mi misantropía crónica. He hecho algunas fotos que espero poderles ir enseñando pero se me acumula el trabajo (en la vida real) y también las historias que contar en esta vida imaginaria del blog.

En una película americana salía un escritor, interpretado por Jack Lemmon si no recuerdo mal, que había ido a Europa para escribir una especie de diario titulado algo así como "La buena vida en Francia". El hombre era un vividor y en una escena decía que llevaba dos meses de atraso en el libro y una semana de adelanto en la vida real. En la película esto resultaba muy gracioso, pero a mi, que no soy un vividor (por lo menos en el sentido tradicional de la palabra), me está pasando algo parecido: se me acumulan cosas que contar. Si yo fuera ordenado, podría guardar ahora historias de las noches pasadas en el Yosemite y en Sierra Nevada, para repescarlas en los tristes meses de invierno. Pero no se si seré capaz.

Por el momento tengo un montón de tarjetas de memoria encima de la mesa y la maleta otra vez abierta. Dentro de unos días me vuelvo a marchar.

miércoles, julio 01, 2009

El mapache que comía fast food y otras historias de machapes


Primer mapache. Es el de la foto. Nuestras vidas se cruzaron fugazmente en el Yosemite. Nosotros habíamos cenado una pizza en un merendero. Cuando ya estaba por marcharme a fotografiar estrellas , vi una especie de gato enorme saltando de mesa en mesa, en busca de alguna patata frita abandonada o de un trago de cocacola. ¡Era un mapache!

Segundo mapache. Yo nunca había visto un mapache pero curiosamente, su cola anillada y sus gestos ágiles me transportaron a la infancia. Recordé haber leído un libro de un niño que tenía un mapache. La historia, que nos fascinó primero a mi hermana y después a mi, estaba ambientada en los tiempos de los primeros automóviles. A los dos nos pareció que la vida de aquel niño que construía una canoa, patinaba sobre los ríos helados, acampaba con su padre junto a un lago y jugaba con su mapache era la felicidad en estado puro.

Pero años más tarde, un mal día se me ocurrió leer la vida del autor, que venía en las últimas páginas. Y descubrí que cuando tenía la edad del protagonista había quedado inválido. Entonces comprendí que todas las aventuras del niño y su mapache eran en realidad una idealización de su propia infancia. Me imaginé al autor, que tan vital me había parecido en las páginas del libro, encerrado en una habitación con una máquina de escribir, rebuscando entre sus recuerdos como el personaje de Borges, alargando indefinidamente con el pensamiento cada una de las tardes en que pudo correr libremente por el bosque. Y entonces me pareció un libro muy triste.

Tercer mapache. Mis hijos tienen una enorme cantidad de muñecos de peluche. Entre los más queridos del pequeño figuran un encantador pulpo verde que compramos en una gasolinera y un mapache que mi hermana le trajo de Estados Unidos (sin duda, recordando al segundo mapache). Pero con este peluche había un problema: el niño se empeñó en llamarle machape en lugar de mapache. Yo se que eso no tiene la menor importancia pero soy un perfeccionista y le corregía cada vez que decía machape. Hasta que un día se enfadó y me dijo:

-¡Es que Machape es su nombre! Se llama Machape, ¿entiendes papá?

Con aquella frase creo que quedó demostrado que ser un poco exigente con los niños no es malo, por lo menos para su imaginación.

Pero él mismo se obligó a algo terrible: perpetuar la palabra machape por los siglos de los siglos.

Un día ocurrió lo inevitable. Ya estaba en la cama con el pulpo verde pero era incapaz de conciliar el sueño, por falta de peluches, y me llamó:

-¿Me puedes traer el mapache, papá?
-Dirás Machape, hijo.

No pude evitarlo.

(Esta entrada es cosa del robot. Donde yo estoy ahora no creo que haya internet)

miércoles, junio 24, 2009

Ying, yang, etc

Hoy, el día más largo del año, que es festivo, me he despertado a las 4:30 de la madrugada impulsado como por un muelle. Un muelle muy puñetero, por que no tenía nada que hacer hasta por lo menos las 8 y me hubiera venido muy bien descansar para llegar al trabajo en condiciones de resolver un asunto especialmente denso. Imposible volver a dormirme: el dolor de espalda y los nervios atormentados por irresolubles problemas de agrimensura me lo han impedido. A las 5 me he vestido y me he marchado aullando al monte. He fotografiado -sin un placer especial- un escarabajo y dos mariposas.

He regresado, medio dormido, a eso de las 9 y media. Los niños estaban sentados en la mesa dibujando y mi mujer preparaba las tostadas. Hemos discutido acaloradamente sobre cual es el mejor método para prepararlas. Les diré como se hace: se pone el pan congelado en el microondas, a tope y mientras tanto se enciende la tostadora (en vacío) para que se vaya calentando. Al cabo de 20 segundos ya se puede sacar el pan del microondas, cortarlo y meterlo en la tostadora. Haciéndolo así, en menos de 50 segundos (en total) el pan pasa de congelado a chamuscado. Es una gran ventaja.

Ella ha objetado que no había ninguna prisa y que haciéndolas a una velocidad razonable salen mejor. Cosas totalmente ciertas, pero yo ya estaba sacándolas y para ahorrar tiempo he metido la mano en la tostadora, que seguía encendida, y me he hecho una quemadura de segundo grado en el dedo índice. Lo ha pagado la culpable, que como ya habrán adivinado era la cucharilla de café, con la que he hecho un nudo. Pero no como Uri Geler, si no forcejeando patéticamente con las manos. Las lumbares se me han resentido por el esfuerzo.

Conozco muy bien todos esos síntomas. Los había sufrido durante años pero ahora hacía tiempo que estaban bajo control. La causa es clara: llevo unos días trabajando demasiado. La semana próxima nos vamos de vacaciones y debo resolver un montón de cosas para poder irme. Y parece que asuntos que llevaban por lo menos una década sin resolverse tengan que quedar listos antes de pasado mañana. A mi no me resulta fácil.

A las 9:45 he terminado de comerme mis dos tostadas medio quemadas y estaba mirando la piel del dedo, esperando ver una ampolla en formación. Pero después de todo, la quemadura ha sido solamente de primer grado. He enderezado la cucharilla. Justo entonces ha salido mi mujer de la cocina con un estupendo chocolate caliente.

Contra lo que tenía previsto, he decidido no ir a trabajar y me he quedado durmiendo hasta la hora de comer.

No es solamente que me marche la próxima semana. A la siguiente me vuelvo a ir de viaje. Este verano promete ser un torbellino de viajes, trabajo y problemas. Yo me lo he buscado. Espero poder torear todo eso, pero no se que atención podré dedicarle al blog.

Siento haberles aburrido con mis síntomas, pero necesitaba contarlo. Estos dos mylabris (el ying y el yang, la furia y la calma, el trabajo y las vacaciones, la familia y el blog, la fotografía y el texto) son del domingo pasado, que ahora me parece lejanísimo en el tiempo y muy felizmente pasado con dos amigos.

lunes, junio 22, 2009

Guía Durand de los paraísos secretos

Laguna durandiana

No estará de más recordar en este humilde cuadernillo a Antoine Durand, viajero francés que a finales de los 90 se hizo célebre con su Guía turística oculta. Cuando Lonely Planet, Le guide du routard y muchas otras colecciones estaban en su máximo apogeo, ocupadas en desmenuzar el planeta y airear donde se encuentran los supuestamente mejores hoteles, bares, paisajes y museos, Durand adoptó justamente el punto de vista inverso.

Durand dice por ejemplo (página 234 de la edición en castellano, ed. Herralde): Si pasan ustedes por Barcelona, no dejen de ir a comer al Buen Restaurante Chino, incluso si no les gusta la cocina oriental. En un ambiente familiar, los propietarios se desviven por servir los mejores platos. Son imprescindibles las berenjenas picantes, las espinacas con huevo, la ensalada de bambú fresco y el pato Pekin. No se molesten en mirar cuanto vale cada cosa, el precio es sorprendentemente bajo. Por desgracia ¿o tal vez por suerte? el aspecto exterior del restaurante es lamentable, de modo que muy poca gente lo conoce. La mayoría de los turistas terminan por ir al MacDonalds de la acera opuesta, donde pagan prácticamente lo mismo por una hamburguesa. Como tal vez ya habrán adivinado, Durand jamás da la dirección de los lugares que describe en su guía. Por sus páginas desfilan paisajes de ensueño, restaurantes maravillosos a precios asequibles (¡incluso en Venecia!), hostales recónditos, pueblos sin turismo de ningún tipo, inverosímiles playas vírgenes en España, lagunas de aguas purísimas junto a ciudades dormitorio... pero jamás se dice donde están. El tono es levemente irónico y todo el libro, que cubre Europa, América y Australia, puede leerse como una parodia (a ratos tediosa) de las guías convencionales.

Algunos de los primeros lectores, indignados, se quejaron a la editorial Larousse y pidieron la cabeza de Durand. Otros pensaron que todo era una broma y que los lugares que Durand describía eran completamente ficticios. El asunto llegó a los medios de comunicación que trataron en vano de entrevistar a Durand. El revuelo mediático fue considerable y duró casi dos semanas. Le Figaro se ocupó del tema en portada, titulando "Durand, ¿farsante o profeta?". Incluso el Presidente de la República se permitió en tono de broma aludir al caso Durand para eludir responder a la prensa. Se imprimió una segunda edición y después una tercera. Algunos de los nuevos lectores empezaron, lentamente, a confirmar la existencia de los lugares que Durand describía, pero tuvieron el buen sentido durandiano de no decir donde estaban. Se cree que todos los lugares descritos son exactos, si bien algunos todavía no han podido encontrarse.

Pasados casi diez años ¿qué ha quedado de todo el barullo de Antoine Durand y su guía? Apenas nada. Las traducciones al castellano están agotadas (aunque figuran en el catálogo de la librería Altair) y el lector interesado deberá acudir a Iberlibro en busca de ejemplares de segunda mano. Pero como ya habrán intuido, excepto en su espíritu la guía resulta totalmente inútil: cada uno de ustedes puede buscar lugares extraordinarios por su cuenta, incluso en Barcelona.

De Durand nada más se ha sabido, ni tan solo cual fue su intención. Periódicamente corren rumores de una segunda parte de su Guía. Pero tal vez su contribución más significativa haya sido involuntaria: el adjetivo durandiano que se aplica a aquellos lugares escondidos y preciosos pero que no resistirían el impacto del turismo y que por consiguiente solamente pueden describirse pero sin dar su localización exacta.

jueves, junio 18, 2009

Dos amigas ovopositando

Parece que las charcas son grandes y que las libélulas tendrían espacio de sobra para ovopositar sin problemas, pero cuando las has observado un rato ya sabes que no cualquier lugar es bueno para que las grandes hembras de Anax realicen la puesta.

Las Anax imperator realizan la puesta dentro de una planta: clavan los huevos dentro para que queden protegidos (a eso se le llama puesta endofítica). A veces las veo rondando un tronco y les advierto que ese no es un buen lugar pero ellas lo intentan una y otra vez, tozudamente, sin hacerme ni el menor caso. Hasta que se dan cuenta de que es mejor probar en otro sitio. Tampoco son tan listas. No hay que sobreestimar a nadie, nisiquiera a las libélulas.

Y al final, lugares realmente buenos tampoco hay tantos. De modo que un día pude ver como estas dos amigas ovopositaban en la misma planta, cada vez más cerca, mientras yo esperaba a ver si entraban en el mismo encuadre las dos, tratando de no moverme para no asustarlas ni provocar olas (a todo eso, yo estaba agachado con el agua de la charca hasta el ombligo).

Y así fue, finalmente se acercaron mucho y yo aproveché para hacer unas fotos mientras ellas seguían a lo suyo, absortas. Pero en un momento (el de la foto) una de las dos empezó a poner su abdomen sobre el de la compañera, como para clavarle un huevo.

Eso ya fue demasiado -todo tiene un límite- y la libélula de la izquierda se marchó volando. No lo he vuelto a ver nunca. Es espectacular ver a esos dos enormes insectos juntos y poder observar su comportamiento natural, sin que mi presencia les afecte para nada.

miércoles, junio 17, 2009

El Capitan

Uno de los iconos del valle del Yosemite es El Capitan, una impresionante pared de granito.

Como con las sequoias, no es fácil dar una idea visual de las dimensiones de El Capitan. Pero en este caso, hay una excelente referencia visual. Observen el límite entre el sol y la sombra en esta foto:

No se ve nada incluso ampliándola, pero si usamos una distancia focal más larga, aparecen par de puntos antropomórficos:

Y ampliando la anterior imagen, se ve claro que son dos escaladores:
La roca mide unos 1000 metros de altura y la ascensión dura varios días y varias noches. Uno se pregunta que clase de personas pueden tener la fortaleza física y mental para someterse a semejante prueba y salir con éxito.